¿HACIA LA DEMOCRACIA ELECTRÓNICA?
Habitualmente participamos en procesos electorales para determinar nuestro gobierno depositando
nuestro voto, un trozo de papel, en una urna. Sin embargo, todas las semanas tenemos oportunidad de
participar en votaciones por mensajes de texto o Internet en variados programas de televisión. No es
extraño, por lo tanto, que, en línea con la progresiva transformación tecnológica de nuestra sociedad, hayan
surgido recientemente noticias sobre diversos aspectos de la aplicación de las tecnologías de la información
a la política, principalmente en lo que se refiere a la automatización de los procesos de voto.
Estamos en tiempo de debate. Un debate que busca promover las nuevas tecnologías en nuestra vida
política, como previamente se ha hecho en los negocios, la educación o las artes.
Un debate que podría llevar a que la política, tal y como hoy se la conoce, cambie en este siglo XXI, que será esencialmente móvil y electrónico. Al fin y al cabo, recordemos que nuestras actuales instituciones provienen de los tiempos en que el transporte y las comunicaciones eran extremadamente costosos en tiempo y dinero. Con los años, los políticos han desarrollado un estilo en el que, salvo en tiempos de campaña, mantienen escasa relación con los ciudadanos.
En cierto sentido, nuestras instituciones están desfasadas, puesto que no se han beneficiado de las nuevas
tecnologías en un sentido social. Internet ofrece claras oportunidades para aproximar a gobernantes y gobernados, y para crear y difundir conocimientos entre los ciudadanos.
Esta visión puede llevarse al extremo, como han hecho los “tecno-utópicos”, que ven en Internet un medio
para propagar globalmente los ideales del ágora ateniense por medio de la discusión y la votación
electrónica. Cualquier decisión podría votarse y podríamos vivir en un sistema de referéndum permanente.
Frente a este futuro, en el que cada mañana, antes de trabajar, nos conectaríamos a Internet y votaríamos
en los tres o cuatro referéndums del día, debemos recordar cómo la economía y la psicología
experimentales muestran insistentemente que las personas no somos racionales al tomar decisiones cuando
solo usamos nuestra intuición y que no tendríamos tiempo para vivir en ese proceso de referéndum
permanente: no solo se trata de votar, sino de informarse, deliberar y decidir.
En nuestra opinión, y aunque las tecnologías que automatizan e informan son importantes y útiles, son de
menos interés que aquellas con un potencial para transformar la naturaleza de la democracia. En cualquier
caso, son numerosos los beneficios potenciales de la naciente democracia electrónica, como por ejemplo, la
legitimación que se produce al acercar las decisiones a la gente y tomarse públicamente las decisiones
políticas, al reducirse la apatía y la alienación y maximizarse el potencial del ciudadano. Sin embargo,
también se pueden identificar algunos peligros, como el debilitamiento de la autoridad central.
Otra cuestión que suscita gran debate es la de la seguridad. Como cualquier operación a gran escala, el
potencial para la corrupción en una consulta en línea es considerable. ¿Cómo se verifica la identidad en una
operación electrónica? Si en algunos países la participación en elecciones generales queda muchas veces por debajo del 60%, ¿cómo aseguramos que el 40% restante de los votantes no ve su voto manipulado por algún tecnólogo experto? En gran medida, tales problemas se evitarían con certificados digitales y criptografía de
clave pública, pero estos sistemas aún tienen un costo elevado. Incluso si fuese posible evitar la suplantación a gran escala, sería casi imposible asegurar que un votante en línea fuese quien dice ser, a menos que se
recurriese a tecnologías de reconocimiento muy caras, basadas en huellas digitales o en el iris.
Pero la principal garantía en una democracia electrónica debería ser el acceso generalizado a las tecnologías
de la información, algo que realmente permanece como un obstáculo, puesto que la penetración de Internet en los hogares de la mayoría de los países avanzados dista de ser universal. En los últimos años se
ha venido acuñando el término “brecha digital” para definir tal situación, y esta brecha conlleva otro peligro:
que las nuevas tecnologías puedan afectar negativamente, aún más, a los más vulnerables.
(Adaptado de www.madridmsad.org/cienciaysociedad/debates.actualidad/historico/default.asp?idforo
España)
1. Según el autor del texto, el uso de las nuevastecnologías en política…
a. está acabando con el uso de las urnas.
b. se encuentra en un estado incipiente.
c. debe seguir el ejemplo de la televisión.
d. Es como se eligen hoy en di austros gobernantes
2. E l autor del texto es partidario de utilizar las tecnologías para…
a. mejorar la formación de los políticos.
b. aumentar la comunicación entre las distintas instituciones del Estado.
c. incrementar el contacto de los políticos con los ciudadanos.
d. aumentar la participación de los ciudadanos en programas de televisión
3. Según la lectura, la automatización en losprocesos electorales
a. Es un tema usado desde hace varios años en el país
b. Es un proceso que surgió recientemente
c. Es el proceso que siempre se ha utilizado
d. Es un proceso reciente que se puede utilizarpor medio de mensajes de texto
4. En el texto se defiende que el ciudadano…
a. reflexione y valore opciones antes de proceder al voto.
b. utilice Internet para discutir su voto con otros ciudadanos.
c. vote cotidianamente toda clase de decisiones.
d. El ciudadano no tenga que desplazarse hasta las mesas de votación
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